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  • EÓLICA

    No parece dejar huella de sí
    y sí cavó rendijas en mi pecho
    el aire:
    suspiró en los rincones
    del alma de la carne
    con deslumbrantes relampagueos,
    corpúsculos de sombra

    Y toques de queda
    que desenvuelve,
    que viene arrastrando
    desde abismos
    del cielo
    el aire, sí.

  • LUNÁTICA

    para Raquel y Roberto en Chignahuapan

    Por la ventana
    la luna
    desde su alta madriguera
    me hace cosquillas de infinito

    y penetra, azulea
    la frágil finitud
    de mis huesos.

    La luna llena
    rayo con rayo
    hunde su luz de sable.

    Plata con plata
    su tintineo
    mueve frondas y troncos,
    y tuétanos azules
    de mi alma negra.

  • RÍSPIDA

    Con la tarde trasciende la tristeza
    hueso y médula triste
    que atraviesa
    vertical
    el horizonte.

    Atardecer tristeza
    en la órbita cenicienta que me niego
    a recorrer
    y cae sobre mí,
    horizontal sobre cabeza y hombros
    con peso entero
    cae sobre mí,
    cae.

  • CÁSTULA

    Imégenes Raquel 929
    Al alba se levanta y desde entonces
    el polvo huye de tocar sus manos
    siempre prontas al orden y esplendor.

    Si otros aman el oro,
    ella lo que brilla de limpio.

    Emparentada con la hierbabuena, el anís,
    la hojasanta,
    madre y hermana de la madreselva y el limonero,
    alegría del siempre sediento jardín,

    (“…las plantas tienen sed
    y ellas, las pobrecitas, no saben hablar”)

    alma del jardín,
    alma de la casa,
    reina en su territorio, la cocina,
    brilla el comedor,
    multiplica panes y peces.

    Es compañía en duelos y pesares,
    sabia en consejos, justa cada día.

    Se llama Cástula
    y como el agua de San Francisco es
    casta, limpia, clara, diáfana.

  • INSTANTÁNEA

    Las gotitas de la lluvia
    juegan y danzan sobre el vidrio de mi ventana
    mientras avanzan por el peso del viaje.

    Los cipreses, en la acera del frente
    como son incapaces
    de danzar
    se entregan a la frescura
    desordenando apenas
    sus ramas.

    Y todo bajo un cielo gris
    indiferente
    a los milagros
    del agua.

  • ¡CÓMO PESA EL SILENCIO!

    ¡Cómo pesa el silencio!
    Más cerca de su inmensidad
    que de mi acabamiento,

    sintiendo
    cómo al abrir la boca
    pruebo una bocanada
    de misterio.

    Sintiendo
    estas palabras mías
    apuntalándolo
    en medio de mi cuerpo.

  • INCONCLUSO


    Garra en el cuello,
    y grito aún ¡eso no debe ser!
    Si la tierra es vecina del cuerpo,
    si es reptar nuestra manera de permanecer,
    sin voz por el ahogo que en mí
    es impotencia, y en la garra poder,
    en voz ahogada sigo gritando para mí
    ¡no debe ser!

  • EL HUITZI

    Está vibrando entre las flores
    el huitzi, el colibrí,
    pájaro del amor de vuelo singular:
    palpita o se detiene sobre cada corola
    de flor
    y tornasola en brillos
    lo que su pico
    halló.

  • EL CORAZÓN TRANSFIGURADO (1949)

    Foto20
    Es tiempo de las sombras,
    de las bocas que caen ávidamente
    en los pájaros, ojos de los hombres;
    sobre los hombres, pájaros de Dios.
    Viento menudo, pasajero ciego
    al rumor de los árboles, al cielo
    abierto inmensamente como un ojo
    de Dios, certero y duro:

    Yo soy un pobre pájaro dormido
    en la tierra de Dios,
    bajo sus ojos he perdido las alas
    y mi canto es el canto de las mutilaciones.
    Habito en una casa transitoria,
    a la que el viento lleva eternamente
    como al silencio mismo,
    en un canto desgarrado y profundo.
    He quedado tan pobre como el viento
    que toma y lleva y abandona todo,
    he quedado tan pobre como el eco
    bajo los cuatro muros apagado.
    Ha gastado la lluvia mis angulosos bordes,
    mis huesos han bebido de las constelaciones
    habito como musgo en las manos del tiempo
    y siento mi ceniza que se desprende y cae.

    Soy un pájaro roto que cayera del cielo
    en un molde de barro;
    soy el juego de un niño;
    apenas soplo, lodo y su saliva;
    soy el barro que guarda
    este pájaro herido en la caída;
    soy el caído pájaro que canta
    en su dolor y en sus limitaciones;
    soy todo lo que vuela, la ceniza,
    el muro, el viento, el pájaro, el olvido.

    Hundido, por inasible viento de sus manos
    hiriendo en las entrañas del vacío,
    en el principio el verbo.
    Arranca la dolorosa flor de sus creaturas,
    en el principio el verbo,
    su corazón el mar, y herida
    de su corazón el ciclo.
    El tiempo y el espacio balando su belleza,
    la música de esferas afianzada
    en el dolido corazón del hombre,
    que es su vida la música de un viento,
    las sombras desgarradas bajo su voz alienta
    que le dio la envoltura de su mortal figura,
    en el principio el verbo.

    El aire lame mis heridos huesos
    como enorme animal enloquecido;
    el cielo, espada azul sobre mis ojos;
    penetra desmembrado y fugitivo.
    Mis manos se hundirán en el silencio
    y he de caer filtrada
    en el íntimo torso de las aguas.
    Porque el silencio es sembrador de espuma
    sobre el haz de las cosas;
    en su pausada siesta, mis oídos
    florecerán hundidos,
    y ya pronto,
    tórtola abandonada al corazón,
    dando pequeños saltos de ceniza
    en su gris perecer, doblando el cuello,
    ha de saltar eternamente siervo
    sobre la yerba humilde.

    Porque el silencio es sembrador de espuma
    sobre el haz de las cosas,
    hemos de fermentar en el silencio;
    y ya mis ojos, desolados ciervos,
    también del corazón irán huyendo
    con el espacio por hermano ciego.

    El tiempo niño de la voz de vuelo
    tomó mi cuerpo, trompo de ceniza,
    sobre sus muslos, ríos escapándose
    junto a mi fe burlada.
    Más allá de la duda,
    quedó mi corazón en voz de queda
    afianzado en el aire, sordo y mudo,
    con sordera de mar que apenas grita,
    con sordera
    de fugaz condición perecedera,
    sonidos deslenguados
    que le han dado a mi cuerpo
    el visionario amor y la ternura ciega
    del tiempo niño del afán que rueda.

    El tiempo niño de la voz de vuelo
    tomó todas las flores de la sangre.

    La rosa pisoteada bajo el caballo negro
    alzó sus rotos pétalos
    y gira con los ojos delirantes
    reposada y eterna.
    Las cuencas deshojadas de su voz
    son pétalos girando eternamente.
    Toda la eternidad es la paloma
    suspendida de un hilo sin principio
    y persigue su sombra
    hacia el fondo, escondida
    en la rota figura de los cuerpos,
    toda la eternidad una paloma.

    El tiempo niño de la voz de vuelo
    quiso dejar su viento y detenerse,
    abandonó mi mano en su carrera.
    Ahora, y sin calor, a la distancia,
    la manzana veloz de su latido
    es una sola y desprendida flor
    de una desconsolada primavera.
    Un fino viento toca dulcemente
    adormecida flauta de los días;
    reverdecen los álamos, el viento,
    y aquí mi corazón, junto con ellos.

    Toda la eternidad una paloma
    suspendida de un hilo sin principio,
    toda la eternidad ya no le basta
    al corazón para su inútil vuelo,
    ya no mide los muros
    si es para limitar sus esperanzas.
    Una estrella que llora su soledad de espejo,
    un puñado de plumas temblorosas,
    así mi corazón, el viento llega
    a dormir por las noches en su cuenca.
    Mi corazón espejo caído de la noche
    es costilla de Adán iluminada;
    ha encontrado el lugar de su costado
    y espiga los sentidos en raíz de tu nombre.

    Toda la eternidad aposentada
    y el hueco de tus venas mi aposento.

    Toda la eternidad en el pequeño
    ademán de tu paso;
    la fruta de tu voz es mi alimento
    y toda mi figura desgarrada
    es rota flor, abierta primavera
    que en la tierra angustiosa de tu nombre
    bebe desde sus hojas una lluvia de fuego.

    Toda mi eternidad aposentada
    y el hueco de tus venas mi aposento.

    Porque el amor es el dolor del viento,
    todo un viento de llanto se me ahoga
    en ardoroso grito;
    porque el amor es el cantar del viento
    que en un desorbitado remolino
    muestra su corazón de polvo y fuego;
    porque mi corazón es el sendero
    herido de tu paso
    que florece en el fuego de tu viento,
    y mi canto tu aliento que florece
    en un regocijado remolino de fuego.

    En un viento de vides se deshoja
    la soledad de todos los caminos
    este sueño es un sueño desprendido
    con raíz de humildad
    y fuerza de árbol vivo,
    y este sueño es la sombra que se muere
    con la primera estrella matutina.

  • DOLORES CASTRO O LA TRANSPARENCIA

    Son escasos los poetas que viven su poesía como una prolongación de su existencia. Dolores Castro, Lolita, como la llamamos todos los amigos, no solamente la vive, sino que la poesía vive en ella, la habita. Su poesía nace del reino de la luz, de esa transparencia de su lenguaje poético, canto del alma cuando dice : “La claridad celeste/ nos vuelve todo de cristal”.

    Desde su primer libro Dolores Castro nos reveló la perfección de su oficio en una poesía sin artificios, capaz de crear belleza y comunicarla en imágenes que entrelazan el mundo interior y cotidiano, en versos en los que se identifica con elementos de la naturaleza: los árboles, los pájaros, las piedras y los cuatro elementos: tierra, fuego, aire y agua. Los temas fundamentales de su obra poética han sido el amor, la vida, la muerte, Dios.

    Dolores Castro es no sólo La Poeta (con mayúsculas), sino también la novelista, ensayista, maestra y, lo fundamental, un ser humano excepcional. A propósito de su labor como maestra alguna vez confió a un periodista: “No es que tenga capacidad para enseñar, lo que Dios me dio fue una gran capacidad para querer a los demás”.

    Como alguna vez lo expresó en una entrevista, la suya “fue una generación muy brillante, pero no sólo mis compañeros de cursos, entre los que se encontraban Luisa Josefina Hernández, Rosario Castellanos, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía, Sánchez, Manuel Durán, Emilio Carballido y Sergio Fernández, entre otros, sino también los que llegaron después de nosotros a la Facultad: Fernando Salmerón, Jaime Sabines y Sergio Galindo”. Recuerda también dos acontecimientos importantes durante el lapso que fueron estudiantes: la llegada a la Facultad de los refugiados españoles, tanto alumnos como maestros, y la de los refugiados de la revolución guatemalteca: Tito Monterroso, Carlos Illescas y Otto Raúl González.

    En este año especial de homenajes a nuestra gran poeta con motivo de sus 80 años, hemos podido constatar ese amor que ha sembrado a lo largo de su vida. Ha sido durante décadas maestra de muchas generaciones de poetas, a quienes nunca ha negado un prólogo, la presentación de un libro, una orientación o la generosidad y apoyo de su presencia en sus lecturas y diversas actividades culturales.

    Al respecto señala Raquel Huerta-Nava en un estupendo ensayo sobre Lolita, en el que se le rindió homenaje en la revista Tierra Adentro, (diciembre de 1998-enero de 1999) junto a otros siete escritores nacidos en las décadas del diez y del veinte:

    “En sus versos hallamos el canto de una mujer que es una de las grandes maestras de la poesía mexicana. Su plenitud le permite abrir el umbral de su hogar a todos aquellos que alguna vez nos hemos acercado para conocerla; este privilegio Dolores lo proporciona a todos los poetas jóvenes que, tocados por sus versos, hemos buscado en ella alguna guía, línea directriz, experiencia vital y poética. Para llegar a visitar a Dolores hay que transitar por La Verdad, en sentido real y figurado, y saldremos de ahí cargando como el pan nuestro de cada día, un poco de sol, de conocimiento y de esperanza”.

    No todos los grandes poetas están dotados del don de poder transmitir sus conocimientos. Sin embargo Lolita, para fortuna de nuestras letras sí lo tiene y, lo repito, lo ejerce con amor. Durante 40 años ha impartido clases de literatura en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, la que le rindió por cierto un homenaje hace poco tiempo, como reconocimiento a su labor docente. Es de todos conocido que es también maestra de la Sogem y de múltiples talleres como el de la Casa del Poeta y muchos otros que ha impartido durante toda su vida en diversas entidades de nuestro país, como el Estado de México y Tlaxcala. En esta última entidad se creó desde hace algunos años el Premio de Poesía “Dolores Castro”, como estímulo a los jóvenes poetas de la región.

    Recordamos también que hace quince años el entonces Secretario de Educación Pública Miguel González Avelar le entregó a Lolita, en solemne ceremonia, el reconocimiento “Maestros de la Juventud”, por cumplir con la noble misión del maestro de ayudar a edificar el mundo.

    Me enorgullece enormemente ser su amiga desde hace varias décadas. Para las mujeres poetas de mi generación el descubrimiento del universo poético de Dolores Castro y la sustancia, belleza y consistencia de su obra, fue algo esencial en nuestra formación.

    He tenido el privilegio de compartir con ella múltiples lecturas en muy diversos lugares de nuestro país, en encuentros nacionales e internacionales de poesía, entre ellos el Primer Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que se llevó a cabo en el Palacio de Minería en la década de los 80. Vienen muy especialmente a mi memoria algunas lecturas en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, con motivo de algunos combativos aniversarios del 2 de Octubre.

    Y, ¿cómo no agradecerle su valiosísima participación en un homenaje que me ofrecieron en Chiapas en 1993? Me sentí verdaderamente orgullosa de su presencia y de sus precisos y lúcidos conceptos sobre mi poesía.

    Como anécdota de su calidad humana cabe recordar que un día que yo tenía un gran problema en mi departamento de Lope de Vega 510, porque los propietarios habían entablado juicio a todos los vecinos y nos temíamos un desahucio; le hablé angustiada a Lolita para contarle la situación y ella generosamente me dijo: “No te preocupes, te vienes a vivir a mi casa”. No olvidaré nunca cómo me conmovió la generosidad de sus palabras, porque allí estaba la amiga, la compañera, la hermana entrañable.

    Celebremos hoy y siempre la permanente alegría de vivir de Lolita, su contagioso entusiasmo ante todo lo que emprende, sus 80 años bien vividos, su más reciente libro Oleajes, publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura y la siempre presente juventud, frescura y transparencia de la poesía de esta poeta nuestra que, como afirma, sigue enamorada de la vida

    Thelma Nava
    2 de septiembre de 2003

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